viernes, 9 de agosto de 2013

EL TREN DE MEDIANOCHE


Paseo de un lado al otro de la estación. Tengo frio. Miro  el tablero que dice que el tren debe llegar en 7 minutos. Reviso en mis bolsillos y sólo encuentro lo que ya sabía que estaba allí: el boleto del tren y unas cuantas monedas; las  cuento con la esperanza de que entre todas alcancen para un café.

El primer sorbo caliente del líquido que llena el vaso de cartón me reanima. Miro nuevamente el panel. Dos minutos. El sonido inconfundible del tren acercándose   hace que la gente que esperaba adormilada en los asientos se ponga en movimiento. Yo también. Termino el último sorbo de café justo en el momento en que se abren las puertas del tren y algunas personas descienden. Dejo el vaso en el tacho. Agarro mi mochila y  me trepo al tren.

Avanzo por el vagón buscando mi asiento. Allí está. Hummm…hay un hombre sentado a mi lado…espero que se duerma pronto y no tenga ganas de hablar. Me acomodo en el asiento, abrazando mi mochila para que me proteja del frio. Me bajo la gorra hasta casi cubrirme las orejas y los ojos.

El tren se pone en movimiento. El tren de medianoche, cuando salga el sol habré dejado atrás este pequeño pueblo y el eco de las palabras que  hicieron mi vida un pequeño infierno. Nunca debí decir que lo amaba, ¿cómo se me ocurre? Un chico “normal” no se enamora de un actor de televisión…ni llena las paredes  de su cuarto con afiches de una serie de televisión en la que el actúa.  NO. Nunca. Y, por supuesto, un chico “normal” no llora al oír la noticia de su muerte. Si, lo hice todo mal…quizás en la ciudad las cosas serán distintas, quizás allá nadie cuestionará  la música que me gusta, la ropa que uso…ni que me gusten los chicos.

Y, sin embargo no me arrepiento. Si no hubiera sido por él no hubiera podido resistir ser diferente y vivir negando mis sentimientos. Una vez por semana  durante 22  semanas los últimos 4 años  él fue mi amor platónico, mi hermano, mi amigo…mi novio. Imaginaba que un día le daría la mano y le diría lo mucho que lo admiro y lo mucho que me ayudó sin saberlo. Tenía derecho a llorar al oír la noticia de su muerte.

El extraño a mi lado me mira…o  eso creo. Tiene una sonrisa  que inspira confianza  y una mirada cálida… o…¿es mi imaginación?

Las horas pasan…duermo por ratos…a veces me imagino que uno de los pasajeros es él y que de pronto empezará a cantar  y me dirá que no soy un perdedor, que soy maravilloso, así tal como soy y que  yo cantaré  también y que contestaré que sí, que no voy a dejar de creer y que vamos a vivir juntos mil aventuras, mientras somos jóvenes… Y entonces, la música se detiene en seco y vuelvo a   la realidad del vagón en semi-penumbra, del el eco de los ronquidos y el sonido rítmico de las ruedas sobre los rieles.

Y siento miedo. El extraño está dormido. ¿Qué pasará mañana cuando llegue a la ciudad?  ¿Bajaré en la estación y sonará la música y cantaré en Times  Square y bailaré por la Quinta Avenida?  O, sólo no sabré adonde ir y me sentaré a llorar en un parque sintiendo hambre y frio?

Por la ventana veo como el negro de la noche pierde intensidad, como el brillo delas luces lejanas crece y como del mar emerge una ballena erizada de acero y cristal. Y en el sol se disipa poco a poco la niebla y el vagón se llena de movimiento. La gente guarda sus cobijas, toma sus maletas.  El extraño también.

El tren se detiene. Ha concluido el viaje del tren de la medianoche.

Recorro la estación buscando una puerta...cualquier puerta. Cientos de personas en el salón caminan como si tuvieran que llegar a algún lugar… ¿cualquier lugar? En verdad no sé a dónde ir. Miro la puerta y el bulevar lleno de extraños...un mundo bullicioso que crece ante mis ojos.

“¿Alguien te espera? , ¿Tienes a dónde ir?”. El extraño que bajó a mi lado me hace esas preguntas y yo respondo moviendo la cabeza: NO.

“Te puedo ayudar. Parece que es la primera vez que vienes a la ciudad. Eres además muy joven…”. Tengo más de 18…

“Bueno, si quieres te puedo llevar a un lugar  donde puedes quedarte  mientras consigues trabajo”. Está bien.

Ni Times Square, ni la Quinta Avenida están cerca… ¿estarán acaso en otra ciudad? No hay música pero si mucho ruido…palabras que no entiendo, bocinas… Caminamos algunas cuadras. El extraño me hace preguntas.  A estas alturas al menos debía decirme su nombre. Se lo pregunto y el responde. Es un nombre como cualquier otro...no me dice nada.

La luz ha borrado las sombras del bulevar y también de las calles por las que avanzamos...calles que se parecen unas a otras, calles que que parecen ir a ningun lado.

Quisiera que la música empezara a sonar. ¿Cuándo  será hora  de empezar a cantar y a bailar? ¿Cuándo es que todo va a girar en un travelling circular para mostrar que he llegado a conquistar la ciudad?

Un edificio antiguo, un mostrador apolillado, unas llaves con un gran trozo de plástico atado a ellas con un cordel. Sigo al extraño, sin decir nada...No quiero mirar atrás.


Tengo tanto sueño.
Las horas son todas iguales.
Tengo tanta sed.
Pero no tengo ganas de levantarme.
Los dias son todos iguales.
…quizás lo haga mañana.
…quizás cuando salga el sol.
o… cuando vuelva el extraño, que ya no es extraño ¿cómo podría serlo?
Si pudiera recordar ahora una canción, una que me anime.
Si pudiera recordar su rostro y sentir que me habla y me dice que nada fue real, que todavía soy sólo un chico de pueblo que espera hacer realidad sus sueños de adolescente.
Si solo pudiera escucharlo decir que nunca tomé aquel tren.

CON LA LICENCIA DEBIDA



Lo  primero  que hizo fue revisar el sello y la firma. Eran los correctos. Volvió a leer para asegurarse que lo había comprendido, que no había leído mal…
OFICIO CIRCULAR NO 19370-MM

Adecuando el sistema administrativo interno del Ministerio a lo dispuesto por el Decreto Supremo 7659870, se ha  dispuesto  que, a partir de la fecha, todos los empleados del ministerio deban pedir permiso a sus superiores con 3 días de anticipación en los siguientes casos, sin excepción:
Inasistencia a sus labores por cualquier motivo, incluso por  enfermedad o muerte.
El incumplimiento de lo dispuesto acarreará las sanciones administrativas del caso.

La fecha era del día de ayer.
¿Pedir licencia previa por muerte? se preguntó. Debe haber un error. Lo mejor era consultar con su jefe. Quizás la daría una felicitación por haber encontrado un error que de inmediato se corregirá mediante u oficio circular de errata. Quizás algún torpe mecanografió mal el oficio.

Ordenó los apeles sobre su escritorio, se levantó de su silla y se dirigió a la oficina del jefe, ubicada a unos metros a la izquierda por el pasillo. Desde el fondo un retrato del soberano parecía observarlo. De hecho para eso estaba allí, como en todas y cada una de las muchas dependencias burocráticas del Estado, para recordarles que el Soberano estaba allí, había estado y seguiría estando desde siempre.

Tocó y el vidrio de la puerta vibró fuerte, como si fuera a caerse. Es obvio que necesitaba que la reparen, pensó. Como seguro el jefe no había tenido tiempo de hacerlo, el mismo notificaría más tarde al departamento de mantenimiento para que emita una resolución y dispongan que se envíe un conserje a reparar la puerta.
¡Pase!
Entró y explicó el error que había detectado en el oficio circular repartido esa misma mañana. El jefe lo miró de arriba abajo y le espetó:
¿Es que acaso no ha leído Ud., el decreto supremo 7659870? Fue publicado hace 6 días en la Gaceta Oficial. El oficio está correcto. No hay nada que enmendar.
Sin más que decir, se dio la vuelta y se fue de regreso a su oficina. ¿Pedir licencia previa por muerte?, se preguntaba ¿cómo puede hacerse eso. Es imposible.

Ya en su escritorio se puso a buscar los números pasados de la Gaceta Oficial que estaban arrumados  sin haber sido abiertos en un cajón. Que mal. Nunca ates se le había pasado leer un decreto importante. Quizás si leía el reglamento podría entender de qué se trataba eso de la licencia previa en caso de muerte.
Finalmente encontró el decreto.
Decreto Supremo 7659870
Considerando:
-          Que el ejemplo del soberano debe inspirar al pueblo y es necesario adecuar la administración del reino a lo establecido en la Bula Imperial 34091
-          La necesidad impostergable de poner orden en la administración del reino para que los puestos  en las oficinas públicas no se encuentren nunca sin su titular.
-          La necesidad de centralizar la información respecto adonde están y que hacen los funcionarios públicos en todo momento.
Se dispone:
-          Establecer un sistema de registro de los actos de los funcionarios públicos.
-          Todos los funcionarios públicos estarán obligados a solicitar licencia previa en caso deban ausentarse de sus puestos por cualquier razón, enfermedad o muerte.

Regístrese, comuníquese y publíquese.


El Decreto no daba una verdadera razón para lo de la licencia. Tal y como suele suceder en las leyes una norma remite a otra y esta a su vez a otra…. ¿La Bula Imperial 34091? Habrá que buscarla, se dijo. No podía entender cómo es que alguien debía o de alguna manera podía, pedir licencia previa para morir.

Las bulas imperiales no se publican en la Gaceta Oficial, tendría que ir a buscarla en el Archivo Real. Pasó el resto del día haciendo su trabajo, poniendo sellos, firmando muchísimos documentos, la mayoría informes provenientes de todas las provincias del reino en los que se daba cuenta del uso de lapiceros, se solicitaba que se reparen goteras o sillas, se pedía licencia para tener un hijo…
Si lo pensaba bien, en la administración pública se solicitaba licencia  y se informaba de todo lo que se hacía. El mismo, al terminar el día, haría un informe sobre la cantidad de expedientes tramitados y solicitaría licencia para abandonar el ministerio e ir a su casa. El oficio circular otorgando a todos los empleados que lo habían solicitado licencia para salir, era entregado a las 6.00 PM. Si alguien había olvidado hacerlo, tendría que quedarse en el ministerio hasta el otro día ya que las puertas se sellarían a las  6:15.
Sin embargo, ¿licencia para morir?...sonaba excesivo.

A las 6:45 llegó frente al Archivo Real. Un enorme edifico de piedra gris, sin ventanas y solo decorado por unas gárgolas que asomaban sus monstruosas caras bajo el tejado azul oscuro. Entró subiendo unas escaleras angostas que daban acceso a una puerta estrecha. Solicitó permiso para ingresar y revisar documentos. Le dijeron que hiciera una solicitud y regresara al día siguiente. Eso hizo.

En casa le esperaban su esposa y su hijo. Era lunes  así que comerían pollo con guisantes. Lo sabía porque el mismo llenó el informe de lo que cenarían durante la semana y lo dejó de camino al ministerio esa mañana.
Al entrar, el gran retrato del soberano volvió a mirarlo. Le pareció notar algo distinto en la imagen a pesar que sabía que era sólo una copia de las millones de copias que se distribuían cada año y debían colocarse, so pena de multa, en todas las habitaciones de todas las casas de todo el reino.
Cenó. Ayudó a su mujer a secar los platos y luego leyó a su hijo un cuento sobre cuando el soberano conoció a la que fue su esposa en una pequeña aldea en las montañas. La reina había muerto hace años pero no se lo dijo al niño. Ya se enteraría en el momento debido.

Al día siguiente volvió al trabajo. Tenía tantas ansias que fueran las 6:00 que apenas entró, a las 9:05, llenó su solicitud para obtener licencia de salir.

Esta vez llegó a  las 6:35 al Archivo. Había corrido todo el camino. Lo dejaron entrar y solicitó el volumen con las bulas imperiales del último año. Había solo 3. Buscó la que le interesaba.
Leyó el texto una y otra vez. Las palabras que leyó lo dejaron como hipnotizado. A las 7:25 salió del edificio del archivo.
Caminó por la acera y cruzó la calle en la esquina de la plaza.
 No notó que el tranvía doblaba la esquina.
Se oyó un chirrido metálico, luego un golpe.
Lo último que pensó fue en cuáles serian “las sanciones administrativas del caso” por haber muerto sin pedir licencia.

viernes, 11 de mayo de 2012

El crepúsculo en Hyrule

Era ya muy tarde, la Pc hacía rato estaba en stand-by. Sólo la pequeña luz verde oscilante iluminaba la habitación. Muchas botellas, blísteres vacíos de pastillas y jeringas descartadas yacían dispersos por el suelo…como cada noche, como todos los días.
Me acerqué, cerré el juego y apagué la computadora. Luego, recogí la basura…
Estabas allí dormido sobre el sillón, recostado sobre uno de los brazos, abrazado de un cojín. El sueño te llegó de golpe, tras horas de insomnio y no tuviste fuerzas para llegar hasta la cama...
Me acerqué a ti y estuve un rato mirándote. Tu respiración era irregular, entrecortada. A pesar de la penumbra note tus ojeras y lo pálido que estabas. Te veías tan frágil, era casi imposible creer que tuvieras 22 años. Mas parecías un anciano o un niño que ha pasado muchos días enfermo.
La oscuridad crecía día a día dentro de ti, alimentándose de tu sangre, de tu vida…de la que debía ser “nuestra” vida, llevándonos hacia el ocaso, un ocaso sin promesa de luz renacida.
Puse mis manos en tus hombros para levantarte pero de pronto estaban rodeando tu cuello. Tus labios volvieron a dibujar esa sonrisa infantil, esa sonrisa rara, ligeramente torcida por la que me enamoré de ti. Sin duda esperabas que te llevara a la cama… como lo hago cada noche, todos los días.
Sólo apretar un poco más, quizás dar un breve y violento giro y todo habría terminado, por fin. Seguro me lo agradecerías.
Mientras mis manos apretaban, volví a escucharte reír, volví a verte llorar, volviste a poner tu cabeza en mi pecho y quedarte dormido.
A mi mente regresaron esas inolvidables horas buscando video juegos y esas noches enteras que pasábamos siendo héroes del tiempo y del viento… mientas comíamos pizza y reíamos.
Pensamos que la vida podría ser como un juego, creímos que si estábamos juntos viviríamos mil aventuras y seriamos poderosos e invencibles. Tu yo juntos teníamos la espada maestra. Nada podría detenernos.
Lástima que no fue así. A veces los malos ganan.
Tú buscaste consuelo en el  vino, luego en el vodka, y ese poco de marihuana que nos hacía reír y olvidar los problemas pronto fue demasiado poco…
Yo seguí allí, porque no sabia donde más ir.
Y a mi mente volvieron las peleas, la violencia, los gritos... una espiral ascendente intercalada de disculpas y ofrecimientos de cambio que se repetía cada noche, todos los días. Y los meses viviendo juntos ya parecían años. Ya no hubo risa.
Y mis manos apretaban…y tú seguías dormido.
Una ligera agitación, un movimiento de tus brazos.
Tus ojos se abrieron, me miraron y al fondo de ellos todavía había luz, esa luz que aun parece poder derrotar las tinieblas.
Me miraste, como me miraste aquella madrugada en que me pediste que viviéramos juntos. 
Y soplamos  la ocarina.
Y volví a tener esperanzas.
 Quizás esta vez si.
Quizás esta vez tu y yo juntos podremos evitar que llegue el crepúsculo a Hyrule.

viernes, 6 de abril de 2012

Lo que mas extraño

Hoy me desperté pensando en ti, en como te extraño. Miré tu lado de la cama, miré ese espacio en el ropero. Por un momento hasta senti tu olor.
Encendí la tele para distrerme, para ya no pensar y poder tomar fuerzas para empezar el dia.
Te pido perdón pero  hoy Beto Ortíz se parecía ti. Que miedo.
Bajé y me preparé café y, sin darme cuenta cogí dos tazas y las puse en la mesa.
Qué esta pasando?
Por qué te recuerdo ahora?
Por qué, después de tanto tiempo?
En realidad pienso que conozco la respuesta. Tu recuerdo me asalta cada vez que alguien llega a mi vida con posibilidades de ocupar ese lugar que nunca dejara de ser tuyo.
Y sabes, sé que hoy lo veré. Y haces, hago que tu presencia se imponga en el recuerdo. Hoy estás aquí no tengo duda...

Fuiste mi amor primero, el mas gande, el único?. Si no hubieras muerto, si no hubieras quedado suspendido en el tiempo, por siempre joven, por siempre buno, sin posibilidad de defraudarme...quizás ya te habría olvidado.

Y te extraño, si, pero me he dado cuenta que lo que más extraño es quien era yo cuando tu estabas aquí.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Nada mas importa

Los planes que ella y yo habíamos hecho, mis sueños (que ahora no se si eran realmente mios), lo que esperaban su amigos y los mios...todo desaparece ante mis ojos, como un dibujo hecho con lapices de colores al que, de pronto, le cae agua.

Todo se borra, los colores antes brillantes y vivos se mezclan y se confunden, se disuelven...la casita de techo rojo, la sagrada y perfecta familia...todo.

Y es que lo que crei que queria ya no quiero, lo que pensé que me haría feliz solo me oprime.

Porque te encontré, porque sentí...si, sentí con el corazón y no sólo con mi cuerpo.

Porque dejé atrás los rituales, me olvidé de las formas y acepté tomarte de la mano y dejar que todos me vean, que nos vean...

Pero lo que digan, sus insultos, sus silbidos, sus burlas...no me importan.

Te quiero aunque ellos no certifiquen ni bendigan nuestros planes, aunque nuestra casita no la dibujen los niños y nuestra familia no sea sea perfecta y sagrada.

Te quiero y ya nada más importa.

martes, 18 de octubre de 2011

SOLOS EN EL UNIVERSO

Bitácora del Observatorio Plutón, DS/ 2M03456

Hace más de un millón de años los seres humanos salimos de la Tierra y comenzamos a explorar el espacio. Entonces, muchos tenían la idea que íbamos a conocer otros seres y especies, y encontrar un número enorme de mundos habitados. Pero lo limitado de la tecnología de esa época impidió hacer realidad este deseo durante los primeros siglos. Luego de dominar la velocidad de la luz y los secretos de los "agujeros de gusano", y siempre con esa idea en mente, avanzamos ansiosos a través de la galaxia en búsqueda de hacer contacto. Sin importar cuanto tardara en llegar, los humanos seguimos soñando con ese famoso "primer contacto" durante miles de años.

Al empezar la "conquista del espacio" y a lo largo de los primeros milenios, las vidas humanas eran breves, lo que dificultaba viajar fuera de la Galaxia, pero los avances de la ciencia y los secretos que fuimos develando conforme comprendíamos mejor el universo, hicieron que nuestras vidas se hicieran más y más largas hasta volvernos prácticamente inmortales. Cuando el tiempo dejó de ser una limitación descubrimos que el universo, a pesar de su inmensidad, no es infinito y nos dispusimos conocer todos sus confines.

Aunque durante nuestra constante y aventurera expansión por el Universo, se fundaron colonias cada vez más lejanas, los seres humanos seguimos sintiéndonos vinculados a la Tierra y nuestro planeta de origen se convirtió en un santuario, en un lugar de peregrinación al que siempre regresábamos para no perder la esperanza. La tierra con todo y lo maravillosa que era, era un planeta como muchos y no podía ser el único habitado en el universo, pensábamos.

Pero lo cierto fue que en esa búsqueda de cientos de miles de años nunca encontramos otras manifestaciones de vida y finalmente tuvimos que aceptar que estábamos solos, que los humanos éramos los únicos seres vivientes que poblábamos el universo. Los ecos subespaciales, todos los otros aparentes signos de vida extraterrestre que nos hicieron pensar en la existencia de otras civilizaciones y que nos impulsaron a lanzarnos a explorar el cosmos, en realidad procedían de un tiempo anterior y quienes los emitieron alguna vez, habían desaparecido mucho antes que la vida surgiera sobre la Tierra. Al parecer solo una especie habita el universo a la vez en un ciclo de nacimiento expansión y muerte que se ha repetido por eones.

Eso nos llevó a comprender que todo lo que existe, a pesar de la ilusión de eternidad que significa medir el tiempo en milenios, llega tarde o temprano a su fin. Lo comprendimos justo cuando el Sol, la estrella que se siempre fue el símbolo de nuestra civilización cósmica, comenzó su inexorable proceso de extinción convirtiendo a la Tierra en una roca calcinada girando a su alrededor. Fue entonces cuando se estableció este observatorio, ubicado en la órbita de Plutón, desde el cual los peregrinos pueden observar con respeto lo que queda de nuestro planeta madre.

He sido guardián de este observatorio desde hace muchísimo tiempo, pero mi tarea terminará muy pronto. Dentro de sólo unas horas, el Sol estallará arrasando con los últimos vestigios de los planetas que giraban a su alrededor y este observatorio también desaparecerá.

Sin embargo, es posible que no se trate únicamente del fin del viejo planeta azul. Algunos científicos opinan que hay condiciones particulares que permiten prever que la explosión del Sol iniciará una reacción en cadena y toda la Galaxia se conviertirá en un torbellino de materia en ebullición. De ocurrir así, desaparecerá también toda nuestra civilización y únicamente sobrevivirían unas pocas colonias, ubicadas fuera de la Vía Láctea.

Luego de reflexionar, hemos decidido esperar sin intentar escapar del que sea nuestro destino. Después de todo, habiendo explorado ya todo el universo, quedan muy pocos retos y estímulos para seguir existiendo y la muerte puede ser el único territorio desconocido que queda por explorar.

Nacer, crecer, morir...son las leyes del Universo y las acato. Pero, no he podido evitar ceder ante la última tentación de inmortalidad y hacer una última transmisión con la esperanza que quizás, dentro de algunos eones esta emisión subespacial llegará a los oídos de algún ser inteligente y alimentará sus sueños de salir al espacio a buscarnos...

Y el ciclo habrá vuelto a empezar.

Placeres Mediterráneos

La noche del viernes tenía que ser muy especial porque era nuestro “aniversario”; no porque se cumpliera un año de ser pareja, en realidad sólo habían pasado 3 meses pero sentimos que haber logrado estar juntos en medio de tantos problemas era algo que, definitivamente, merecía celebrarse.

Nuestra primera idea fue salir a comer y luego ir a una discoteca pero, ya que mis padres estaban de viaje y teníamos la casa sólo para nosotros, preferimos celebrar con una cena que yo prepararía y pasar la noche juntos, oportunidad que no se nos presentaba con frecuencia. El vino sería su aporte y el “postre” lo prepararíamos entre los dos fue el acuerdo. Por entonces aún no conocía mis dotes en la cocina por lo que me di cuenta que aceptó la idea con cierto recelo, tal vez hubiera preferido que compráramos algo listo. ¿Qué vas a preparar? preguntó, a lo que respondí que sería una sorpresa . Agregó entonces, con aire de sommelier ,que sólo quería saberlo para escoger el vino. Trae uno que vaya bien con pastas, dije para finalizar la pequeña discusión.

El día llegó y, saliendo de trabajar, me fui al supermercado. Tenía planeada un cena mediterránea, con ensalada griega y lasaña, así que me puse a buscar los ingredientes. Una coliflor pequeña y fresca, tomates, albahaca, queso de cabra, aceitunas...fui marcando en mi lista de ingredientes. Faltaban las cebollas. También necesito algunas para la salsa de carne , pensé y puse algunas más en la bolsa. Compré la pasta, me dirigí a la sección de carnes y mandé moler ¾ de kg. de bistec. Compré queso fresco, mozzarella, edam, parmesano y cajamarquino. También jamón, champiñones y pasta de tomate. El aceite de oliva, la leche y demás ingredientes ya los tenía.

Una vez en casa y acomodado en la cocina, empecé la preparación. Puse a hervir el agua para cocinar la pasta para la lasaña y me puse a preparar el tuco, según la receta de mi abuela, cocinando tomates, cebollas y zanahorias enteras con una generosa ración de vino tinto para pasarlas luego por un tamiz . La salsa blanca, en cambio, la preparé usando la licuadora lo que hubiera horrorizado a cualquier chef tradicional.

La pasta ya estaba cocida. Busqué una fuente cuadrada de cerámica , coloqué en el fondo una capa de tuco, una de salsa blanca y las cubrí con las tiras de lasaña. Más tuco y salsa blanca, trozos de queso, jamón y champiñones, otras vez la pasta. Así proseguí hasta que la fuente estuvo llena, la cubrí con queso parmesano rallado y la dejé, esperando el momento preciso para ponerla al horno. Luego, preparé todo para la ensalada. Cociné la coliflor, piqué tomates, cebolla, albahaca y queso. La puse en el refrigerador junto al aliño de aceite de oliva, enebro, naranja y ajo, guardado en una botella.

Dieron las 7 y 30. Los platos están sobre la mesa, también los cubiertos, hay piqueo de queso y aceitunas en el refrigerador. Todo está listo. Hora de subir y arreglarme. Una ducha, perfume, ropa limpia y justo cuando terminaba de acomodarme el pelo por séptima vez antes de que se seque el gel, oí el timbre. Allí estaba.

Entró, nos abrazamos y puso en mis manos tres botellas de vino, dos Tacama Rosé semi-seco y un tinto Asti-Vera. ¿Abrimos una?...Claro, ya venían a la temperatura ideal. Sentados, uno al lado del otro, bebiendo vino y comiendo queso y aceitunas lo pasamos muy bien...tanto que olvidé poner al horno la lasaña. Eran las 9:30 cuando lo recordé. A las 10 toda la casa se había inundado del olor del queso fundido mezclado con perfume de laurel y de orégano. Saqué la ensalada del refrigerador, la rocié con el aliño y la puse sobre la mesa, también coloqué sobre una tabla la fuente de lasaña. Sus ojos brillaban...creo que no pensó jamás que lo que iba a cocinar podría lucir tan bien.

Un compacto con una selección heterodoxa de temas de Vangelis, Nana Moskouri, Maria Callas y Laura Pausini fue nuestra música de fondo. Servimos el vino tinto y empezamos a comer. Había logrado que todo quedara delicioso y pude notar en su rostro la satisfacción y seguro que notó en mi rostro la expresión de triunfo. Los quesos, el tomate, el jamón y la pasta se fundían entremezclando sabores y texturas mediterráneas, para los que la ensalada ya había preparado nuestro paladar. El áspero sabor del tinto acompañaba perfectamente la experiencia .

Creo que jamás he preparado una mejor lasaña. La temperatura, la cocción, los ingredientes todo había alcanzado un equilibrio perfecto Comimos sin hablar demasiado , en una maravillosa comunión gastronómica, intercambiando miradas que expresaban distintos matices de placer: el placer de habernos conocido, de estar juntos esa noche, de compartir esa cena. Miradas que anticipaban los placeres que nos aguardaban el resto de esa noche celebrando, como si fuéramos seres mitológicos recorriendo las colinas de Toscana o danzando en las orillas del Egeo.